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Beisbol

Óscar Robles encabeza la Clase 2025 del Salón de la Fama con una carrera de bateo ejemplar

El mánager de Águilas de Mexicali es entronizado en Monterrey y suma hitos como estratega y pelotero en México y MLB

MONTERREY, Nuevo León.- La Clase 2025 del Salón de la Fama del Beisbol Mexicano quedó entronizada en el Parque Fundidora, con los reflectores sobre Óscar Robles, hoy mánager de Águilas de Mexicali y uno de los bateadores mexicanos más consistentes de su era. “Soñado… desde que se anunció que estaba en el Salón de la Fama he sido agradecido con Dios más que nada”, dijo el tijuanense, rodeado de familiares y excompañeros.

Nacido el 9 de abril de 1976 en Tijuana, Robles construyó su legado en LMB con Diablos Rojos del México, Guerreros de Oaxaca y Toros de Tijuana como intermedialista. Disputó 1,277 juegos con 854 carreras anotadas y 1,585 imparables, además de 72 jonrones y 755 producidas; once campañas arriba de .300 lo llevaron a un promedio vitalicio de .335, cifra de élite entre bateadores mexicanos. “Creo que lo importante fue que nunca me di por vencido. Siempre quise ser ese jugador ejemplar, el que lo daba todo en el terreno de juego todos los días”, afirmó.

En Grandes Ligas dejó huella con Dodgers de Los Ángeles (2005–2006) y Padres de San Diego (2007), tras haber sido drafteado por Astros de Houston en 1994 y formado en la Preparatoria Montgomery de San Diego, donde posteriormente debutó en MLB el 10 de mayo de 2005. Ese salto, asegura, tuvo un punto de partida claro. “Diablos Rojos, simple y sencillo, fue el pilar para que yo pudiera lograr lo que logré: llegar a las Grandes Ligas… sabía que era el equipo ideal para trascender”, dijo, al agradecer a la organización escarlata por el impulso competitivo que lo moldeó.

Su tránsito a los banquillos ha sido igualmente sólido. En la Liga ARCO fue Mánager del Año 2020–2021 al guiar a Algodoneros de Guasave a marca de 31–26 y tercer lugar general, y más tarde asumió retos con Guasave y Culiacán hasta volver en 2025 a Mexicali. En LMB, Robles registró 100 victorias dirigiendo a Toros de Tijuana, convirtiéndose en el tercer timonel que alcanza esa cifra con la franquicia, otro hito para su expediente como estratega.

Robles reconoció que no vivió el proceso de votación con triunfalismo. “Si soy sincero, yo veía imposible la elección, porque había grandes nombres… Cuando empezaron a llegar mensajes de que iba bajo en la votación me puse nervioso, hasta que al final me llegó un mensaje de un amigo de Monterrey felicitándome”, relató. “Fueron momentos de incertidumbre y nerviosismo… Por eso me siento muy agradecido con quienes me dieron su voto.”

El tijuanense subrayó el origen de su hambre competitiva. “Vengo de una familia humilde, de una familia beisbolera, donde nadie había llegado a jugar profesional. Creo que eso me impulsaba a dar el 100% todos los días… el corazón por ser alguien, por poner el nombre de Óscar Robles en alto, fue lo primordial para mí”, explicó, al describir la base emocional de su trayectoria.

También repartió agradecimientos a las organizaciones que lo formaron y a las figuras que lo guiaron en el clubhouse. “A todas las organizaciones… todo esto valió la pena”, dijo. “Estar al lado de grandes peloteros, como Roberto Salcedo, Roberto Ramírez, el Borrego Sandoval, Ray Martínez, Daniel Fernández, Miguel Ojeda… te vas guiando de la mejor manera para ser un mejor jugador. Teníamos un gran equipo, peleador, que aspiraba al campeonato todos los años.”

Hoy, ya como inmortal, Robles mira hacia adelante con la misma ética que lo sostuvo en el diamante y ahora desde la caseta. “Sabemos que seguimos en el béisbol y seguimos soñando como cuando empezamos en Ligas Pequeñas, siendo un ejemplo no solo en el terreno, sino también fuera de él”, cerró. “Y ahora este es el premio: estar aquí en Monterrey, en el Salón de la Fama. Para mí, es el mejor premio que pude haber recibido.”

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